El frío de sus manos acusa a la muerte que, escondida entre las uñas, saltará en cualquier momento para chupar lo que queda de calor. Sus pestañas se encogen para que los ojos puedan mirar. Los dedos de Doña Lucha llevan el peso de la muerte en las puntas, se doblan como chicle, como un bumerang al que no le queda …
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